Seamos responsables: hagamos un consumo sostenible y reciclemos el vidrio

Seamos responsables: hagamos un consumo sostenible y reciclemos el vidrio

¿Os habéis parado alguna vez a pensar en la de toneladas que de vidrio que pasan por nuestras manos durante nuestra vida? Frascos, tarros, botellas… Millones de productos vienen envasados en cristal. Si sacásemos la calculadora no nos llegaría la pantalla para anotar la cantidad de kilos de vidrio que pasa anualmente ante nuestros ojos.

Por eso debemos ser respetuosos con el medio ambiente y tratar de reciclar todos los envases posibles. Ya que se trata de algo que fabricamos los humanos y que no para nada un producto natural, lo mejor que podemos hacer por nuestro ecosistema es recuperar cuantos envases sea posible. Por ejemplo, reciclando se reduce la contaminación en el aire hasta un 20 por ciento. Esto se debe a que no es necesario quemar tanto combustible para hacer los nuevos envases y también se reduce la producción de gases en la fundición.

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Imagen de botellas listas para consumir y que pueden tener una segunda vida gracias al reciclado del vidrio.

Pero hay más datos. Por cada tres mil botellas de vidrio que se reciclan, se consigue ahorrar algo más de una tonelada de materias primas, y esto también es bueno para la tierra, ya que la erosión de la misma por extracción es mucho menor. Con esta misma cantidad reciclada, las tres mil botellas, logramos también que vaya a vertedero una tonelada menos de basura.

Es más, según datos de la asociación Ecovidrio, gracias al ahorro de la energía que se consigue con el reciclado de tan solo cuatro botellas de vidrio, lograríamos que un frigorífico funcionara un día completo. Esto se debe a que la temperatura necesaria para fundir el calcín es menor a la exigida para fundir las materias primas originales. Asimismo, con el reciclado de casi tres botellas de vidrio, conseguimos la energía necesaria para hacer funcionar un lavavajillas con capacidad para lavar la vajilla de doce comensales. Y con la energía ahorrada al reciclar tres botellas, podríamos lavar toda la ropa de una familia de cuatro miembros durante un día entero.

¿No crees que son razones suficientes para que un simple gesto como tirar el vidrio a su contenedor correspondiente merezca la pena? No hay muchas excusas para no hacerlo bien. Incluso cuando podamos argumentar aquello de que el contenedor verde (el del vidrio) nos queda lejos de casa, no hay nada que nos impida acumular las botellas o tarros en un lugar en el que no estorben de casa y acudir una vez a la semana o al mes a tirarlas. Además nos daremos un paseo, que tampoco es nada malo para el medio ambiente ni para la salud.

Si queremos ser respetuosos con nuestro entorno debemos hacer un consumo responsable y reciclar todo aquello que pueda tener una segunda vida, como es el caso del vidrio. La cadena de reciclaje comienza en el consumidor responsable, que es aquel que separa los residuos y los vierte en los contenedores correspondientes. En el caso de lo que echamos al recipiente verde, el del vidrio, debemos saber que se puede recuperar en su totalidad en la planta de tratamiento a la que es transportado, donde los operarios limpian las piezas y las trituran hasta convertirlas en calcín (vidrio seleccionado, limpio y molido). De ahí sale el producto a las fábricas de envases y con él se elaboran piezas exactamente iguales a las originales, con la salvedad de que precisan de una menor temperatura de fusión que las materias primas originales (arena, sosa y caliza). Es por esto que, como decíamos anteriormente, en el proceso de fabricación de nuevos envases se consume menos energía.

Posteriormente las empresas envasadoras reciben el producto de las fábricas y financian así todo el proceso de reciclaje, desarrollando también una conciencia social con el planeta y la sostenibilidad. De aquí los productos van al comercio, a la venta al público, y allí el consumidor vuelve a cerrar la cadena de reciclaje. De que todos los eslabones de la misma funcionen correctamente y de su actitud responsable dependerá el cuidado del medio ambiente. Asimismo, el consumidor puede encontrar en todos los envases reciclados el símbolo que indican que han sido recuperados para tener una vida.

Tomemos conciencia y quedémonos con un simple dato: con solo reciclar una botella, ahorramos la energía suficiente para mantener encendida una bombilla de 100 vatios durante cuatro horas. Si aun así nos da pereza, seamos chovinistas y entremos en una competición con el resto de países de Europa. Actualmente la campeona es Bélgica, que recicla la totalidad de su vidrio según datos del año 2010. Le siguen de cerca Suecia (92,9%), Noruega (91,8%), Alemania (86,1%) y Austria (83%). ¿Necesitamos alguna razón más para hacer un gesto tan sencillo?

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