Cómo elegir la botella y la etiqueta perfecta para un vino

Cómo elegir la botella y la etiqueta perfecta para un vino

La etiqueta de una botella de vino es una pieza clave a la hora de atrapar a los consumidores en el lineal de vinos o en la estantería del restaurante.

Esto no solo porque muchas veces la decisión viene marcada por lo que nos transmite dicha etiqueta, sino también porque muchas de las personas que compran o piden un vino en el restaurante, sienten la curiosidad de leer la etiqueta para saber más cosas sobre el vino que están bebiendo, siendo, esta información, decisiva en la elección del vino en cuestión.

En conclusión  que la etiqueta de las botellas, e incluso la misma botella en sí, es un elemento muy importante dentro de la estrategia de marca o branding de tus vinos, por lo que si estás pensando en comercializar tu propio elixir es importante que elijas la presentación adecuada que te haga resaltar entre la competencia.

9 pautas para diseñar la etiqueta perfecta para tus vinos

  1. La etiqueta debe ser parte del branding. 

La etiqueta de tus botellas de vino es un elemento importante siempre que esté integrada dentro de tu branding o estrategia de marca.

Tu marca, tu historia, tu imagen, tus colores y tu mensaje deben estar reflejados en tus etiquetas. Sin embargo, a pesar que es un elemento muy importante, diseñar una etiqueta llamativa es relativamente sencillo, siempre que se logre escoger un buen diseño, pensado para formar parte de la estrategia de marca y captar la atención de tu cliente ideal.

Por ejemplo, las etiquetas de los vinos además de ser elegantes, minimalistas y generar cierto misterio acerca de lo que encontrarás dentro de la botella, están perfectamente alineadas con el branding o estrategia de marca.

2.  Atrévete a sorprender al consumidor con cosas que no espera.

Utiliza la etiqueta para diferenciarte. No pongas en tu etiqueta lo mismo que ponen la mayoría de las bodegas. Mejor, atrévete con  diseños originales, creatividades llamativas, e incluso, optar por explicar las características del vino de forma novedosa. 

3. Enfoca la etiqueta al cliente ideal.

Diseña tu etiqueta pensando en un tipo de público en concreto, e incluso diseña una forma de mostrarle el vino que hay dentro especial para él, o incluso mejor, que la experiencia que vivirá con el vino que encontrará en el interior de la botella esté elaborada a su medida

4.  Consigue que el consumidor recuerde tu botella.

Para esto, tu diseño debe ser llamativo y único en el mercado, que al buscarla pueda identificarla fácilmente entre el resto de vinos.

5. Aprovecha tu etiqueta para diferenciar tu vino y bodega del resto.

Es decir, ya que las etiquetas te ofrecen un espacio muy limitado para promocionar tu producto, lo mejor es que en vez de dedicarla a la D.O. de tu vino, la utilices para hablar de tu bodega y tu vino.

Es muy habitual encontrarse con vinos que utilizan la etiqueta para hablar de la D.O. a la que pertenecen. Pero, si tu vino tiene sello de una D.O. ya incluirá la etiqueta específica del consejo regulador que todos los consumidores reconocerán. Mientras, si quieres dar a conocer tu línea de vinos y tu bodega necesitarás hablarles de ella a los consumidores a través del corto espacio en tu etiqueta.

6.  La etiqueta frontal es clave para conseguir atraer al consumidor.

En otras palabras, atrae al consumidor con tu etiqueta frontal, y una vez en sus manos, termínale de conquistar con la etiqueta trasera

7.  Piensa en una etiqueta para un mercado global.

Otra clave importante es pensar en un público global. Esto significa evitar localismos y regionalismos, a no ser que tus vinos se vendan únicamente o principalmente en su región.

Con esto no quiero decir que no destaques o aproveches las peculiaridades que aportan a tus vinos el terroir y la región donde se encuentran tus viñedos; sino más bien, que cuando lo hagas no caigas en detalles sobre donde se ubican tus viñedos dentro de tu comunidad autónoma o tu provincia, que al final son totalmente desconocidas para el consumidor internacional que perderá el interés con esta serie de datos.

Por ejemplo, puedes decir que tu viñedo está en Mendoza, sin embargo, si no es un lugar conocido a nivel internacional que valga la pena destacar, no necesitas dar más detalles acerca de dónde se encuentra exactamente.

8. No todas las etiquetas tienen por qué ser modernas.

Hay bodegas que cuentan con marcas muy posicionadas en el mercado y con una historia que las hace singulares, por lo que quizá sienten que apostar por un diseño moderno y trasgresor suele resultar arriesgado y quizás fuera de lugar.

En estos casos, está bien conservar un estilo clásico y tradicional porque además es como sus clientes y consumidores les identificarán.

Es el caso, por ejemplo, de los vinos Dehesa de los Canónigos, cuya etiqueta es clásica y tradicional debido a que provienen de un caserío vasco construido en el S.XIX en la Ribera del Duero.

9. Apuesta por un diseñador profesional y una creatividad de calidad.

La etiqueta es lo suficiente importante como para invertir en una buena creatividad, por lo que es bueno no escatimar en gastos cuando se trata de un elemento tan importante para el marketing de tus productos.

Un buen diseño puede aportar diferenciación y valor a tus vinos, así como aumentar tus ventas. No te la juegues y contrata a un diseñador profesional que se encargue de los diseños de tus etiquetas aunque te cobre más por ello. La inversión se verá más que retribuida cuando tus vinos comiencen a venderse.

La botella de vino como carta de presentación

El único elemento importante en el marketing de un vino no solo es su etiqueta, sino también la misma botella que le contiene; ya que, según los expertos en personalización de productos de vidrio de SeriJerez, tanto el diseño de la botella, como las etiquetas, nos dan una valiosa información sobre el vino y su calidad.

Por ejemplo, la botella tiene formas específicas según la clase de vino a la que vaya destinada. La botella bordelesa se caracteriza por ser un recipiente cilíndrico de cuello corto, la botella borgoña tiene base redonda y forma de cono. La botella jerezana se emplea para generosos, tiene una forma cilíndrica y con el cuello largo. La botella denominada renana se caracteriza por disponer una forma esbelta y alta, es ideal para rosados y gasificados. La botella de cava es un poco más alta y gruesa que la borgoña. Y así, un tamaño diferente para cada tipo de elixir.

Incluso, en su color podemos encontrar información importante, siendo, por ejemplo, la botella de color verde oscuro la apropiada para los tintos, la de color verde muy oscuro para los generosos y la de color blanco verdoso para los blancos y rosados.

Toda botella constará de diferentes partes, a saber:

  • Tapón: debe ser de corcho de excelente calidad. Es especialmente importante en los grandes reservas, pues un tapón en mal estado puede arruinar el vino.
  • Cápsula: es un cilindro de metal que protege el corcho y adorna el cuello de la botella, que además, sirve como garantía de que la botella no ha sido abierta.
  • Cuello: es la parte superior de la botella, estrecha y alargada, donde se encuentra el tapón.
  • Hombros: lugar donde se inicia la parte ancha de la botella.
  • Fondo cóncavo: el abombamiento hacia el interior de la botella que impide que los sedimentos se muevan por la botella y se viertan al servir.
  • Etiquetas: informan sobre el vino. Como desarrollamos anteriormente, el vino cuenta siempre con una información básica recogida en las etiquetas. Por ejemplo, la etiqueta de collarín contiene el nombre del vino y la zona de origen. Mientras que la etiqueta delantera lleva la información del nombre del vino, identificación de la bodega, registro embotellador, el grado alcohólico, volumen de la botella, la denominación de origen, el registro de sanidad y exportación y el año de cosecha (año de vendimia). Por último, la contra etiqueta es la que especifica el conjunto de varias cosechas (CVC), si es vino de crianza, si es reserva o si es gran reserva, la garantía, el número de la botella, el sello del consejo regulador y el nombre de la región.

Ya dijimos que el tamaño y el color de la botella nos da información sobre su contenido, y también pasa que aunque de primeras la forma de la botella no dice gran cosa, el grosor del vidrio sí pueden darte información útil a la hora de elegir el vino más adecuado. Y es que ya sea la bordelesa clásica (con hombros) o la borgoñona de toda la vida (sin hombros), una botella pesada hecha con vidrio grueso suele ser siempre un indicador de calidad.

Esto porque nos invita que pensar en el dinero que ha debido costar elaborar tal embalaje. Así, este tipo de botellas son propias de los espumosos.

En este caso, las botellas pueden ser de:

  • Cuarto: 20 cl.
  • Media botella: 40 cl.
  • Botella: 80 cl.
  • Mágnum: 1,60 l.
  • Joroban: 3,60 l.
  • Rehobán: 4,80 l.
  • Matusalén: 6,40 l.
  • Salmanazar: 9,60 l.
  • Baltasar: 12,80 l.
  • Nabucodonosor: 16,00 l.