Joyas de Cristal

Joyas de Cristal

Swarovski es, probablemente, la firma más conocida en los que a joyería de cristal se refiere, pero lógicamente no es la única. La bisutería y los abalorios de cristal llevan entre nosotros mucho más de los que muchos imaginan. Ya hace más de 2000 años egipcios, romanos y otras culturas antiguas creaban preciosas joyas tallando cristales, probablemente fue el descubrimiento de otros materiales preciosos lo que relegó al cristal a un segundo plano. Sin embargo, al igual que todas las modas vuelven, también lo hizo esta, solo que de la mano de grandes firmas que multiplicaron el precio de sus creaciones por mil.

Casi todo el mundo, hoy en día, es consciente de cómo se crea el cristal, tanto de forma natural como de forma artificial. La arena, calentada a temperaturas extremadamente elevadas se solidifica creando el cristal, uno primitivo, in pulir y sin color, pero crsital al fin y al cabo.

Ese cristal, que ahora se puede volver a calentar para darle forma, crear colores y, por supuesto, engarzar joyas, es el que a día de hoy los expertos diseñan y rediseñan para confeccionar abalorios dignos de un rey, como los que venden las joyerías tradicionales, tales como Joyería Lorena, donde manos artesanas crean piezas magníficas,  o las conocidas Pandora, Chamilla y, por supuesto, Swarovsky.

Es la dificultad con la que se consiguen ciertos materiales lo que los hacen más valiosos. A la vista, por muy sivarita que se sea, podemos llegar a apreciar la belleza de ciertas piezas, confeccionadas completamente con cristal, sin piedras preciosas ni valiosos materiales, de ahí que las conocidas firmas que hoy en día trabajan con cristal sean tan conocidas a nivel internacional. Pero, entonces ¿por qué nos empeñamos en comprar carísimas joyas que, en ocasiones, no son ni la mitad de hermosas? Pues, simple y llanamente porque nuestra sociedad, nuestra cultura ha decidido que otros materiales extraídos desde el centro de la tierra y que, además, no deberíamos buscar, son más valiosos.

De todos es sabido que la extracción de ciertos minerales y de piedras preciosas, como diamantes o esmeraldas, han costado la vida a miles de personas, así como le ha costado la salud a nuestro planeta, y nosotros, empeñados, seguimos buscando, destrozando terreno buscando oro, piedras preciosas y petróleo y, sinceramente, no lo entiendo.

Puedo llegar a comprender la importancia del carbón, sobre todo hace ya algunos años, y la necesidad de buscar petróleo, pero ¿por qué diamantes, por qué no conformarse con el vidrio? ¿Quién decidió que el diamante debía valer más que el vidrio para provocar que todo el mundo quisiera encontrarlo, desenterrarlo? Somos extremadamente egoístas, y lo sabemos, pero nos da igual.

Buscad en Internet una imagen de un bonito colgante fabricado en cristal, y luego buscad una imagen de un precioso colgante fabricado con diamantes. Los que sois expertos notaréis la diferencia de inmediato pero el 90% de nosotros, de la población, seremos incapaces de diferencias ambos colgantes y, sin embargo, casi todos elegiríamos el colgante de diamantes en cuanto nos dijeran cuál es ¿y por qué? porque nos han dicho que vale más, no porque sea más hermoso y eso no es justo.

Todo nuestro mundo se mueve bajo ese mismo prisma. La naturaleza nos regala diariamente cosas hermosas, maravillosas, y nosotros preferimos elegir aquellas que tienen mayor valor económico, por feas que sean. Extrapolando esa misma idea podemos decir que hacemos exactamente igual con todo, y ya no hablo solo de lo que es hermoso o no. Nuestra cultura, nuestra tradición, nuestro mundo occidental (y cada vez más también el oriental) decide lo que merece la pena, lo que es valioso es cuestión de economía, y nosotros, como meros espectadores de un film en el que no tenemos voz, ni voto, aceptamos esa premisa cultural como cierta y descartamos cosas, sentimientos y personas sólo porque alguien dijo que no eran valiosas.

Puede que aprovechando la idea de volver a la joyería de cristal haya acabado creando un artículo bastante reivindicativo pero la realidad es que, en un principio no era se mi objetivo  y ahora que ya lo estoy terminando lo único que me queda por añadir es la siguiente pregunta: ¿Y tú, prefieres las joyas de cristal o las de diamantes?